La concesión de una estrella a un establecimiento que había echado el cerrojo
La Guía Michelin ha concedido una de sus prestigiosas estrellas a un restaurante mallorquín cerrado desde hace meses -desapareció en pleno julio- y que había despedido hasta a los clientes.
Además, cuando comió allí el eximio crítico, hacía un año que el chef francés distinguido por la biblia de la cocina francesa, no trabajaba en el establecimiento.
A falta de saber si el malentendido surge de los excelentes caldos en la bodega, es posible que la clausura afecte a otros restaurantes de la lista, en los que nadie ha reparado por la agobiante crisis de la restauración de lujo. No han recibido un solo comensal desde el anuncio de los galardones.
El premio de la rigurosísima institución a un restaurante cerrado ha sido interpretado como un error, cuando se trata de una innovación para los devotos usuarios del infalible libro.
Quién no ha abandonado un establecimiento recomendado por los sabihondos franceses con la vertiginosa sensación de que mediaba un abismo entre la ingesta agropecuaria y la consiguiente secreción pecuniaria. Esta alarmante disfunción se corregirá con la Guía Michelin de restaurantes cerrados.
En los restaurantes estrellados, literalmente, se cumplimentará a un módico precio la ceremonia sagrada de detenerse en locales con el aval de los franceses que nunca se equivocan.
La guía concederá tres estrellas a los establecimientos cerrados a cal y canto, con el edificio ya derribado y transformado en una rentable hamburguesería. El premio se reducirá a dos estrellas cuando la estructura siga en pie, y pueda identificarse con algún esfuerzo la rotulación del restaurante cerrado. Una solitaria estrella será la recompensa cuando el cierre no se mida todavía en años.
Como diría Brillat-Savarin, un restaurante cerrado nunca defrauda. Al contrario, muestra una consistencia gastronómica inigualable, no está sujeto a los vaivenes del mercado y aleja la obesidad como secuela de sus placeres.
Frente a la costumbre de sentar a niños chillones en la mesa de al lado, reinará en el establecimiento un ambiente silencioso. Las dos guías Michelin se solaparán en las figuras de los grandes chefs, que jamás cocinan en los restaurantes abiertos porque están preparando un programa de televisión, y que tampoco frecuentan los restaurantes cerrados. Entre los fogones también está el Dios de Santa Teresa, pero no el dios con estrella Michelin a cuestas.

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